11 abr. 2011

Mariette y la ópera de Aida

La ópera Aida desarrolla una historia de pasiones desatadas, de celos e intrigas, de complots y traiciones, de grandes victorias y trágicas muertes. Toda una trama enmarcada en el lujo de una corte seductora, en la grandeza de un imperio algo decadente y en el tempestuoso destino de amores condenados.

Este magnífico espectáculo se representó por primera vez el 24 de diciembre de 1871 en la opera de El Cairo, integrándose en las celebraciones preparadas por Egipto con motivo de la inauguración del Canal de Suez. Pero Aida no habría sido posible sin la colaboración del egiptólogo más grande de la época: Auguste Mariette. De hecho, fue su participación en el proyecto lo que hizo que Giuseppe Verdi se convenciera a poner música a esta fantasía faraónica.

La participación en la creación de una opera debió despertar el más profundo interés en un intelectual como Mariette, que desde muy joven mostró sus inquietudes culturales y artísticas realizando críticas literarias en periódicos y escribiendo folletines. Sin embargo, la idea de integrar en las celebraciones de la inauguración del Canal de Suez una opera de ambientación faraónica no fue idea suya sino de Ismael Pacha, virrey de Egipto.

La fuentes de inspiración de Mariette fueron múltiples, dado sus amplios conocimientos. Sin duda en la trama se debió dejar influir por autores como Racine, pero sobre todo por los autores clásicos y por sus conocimientos de la historia antigua y los textos jeroglíficos. Además, Mariette tenía experiencia en la construcción de marcos espectaculares, ya que había sido responsable del pabellón de Egipto en la Exposición Universal de París; un edificio, similar a un decorado, que emulaba la grandeza y el colorido de un idealizado templo faraónico.


Mariette fue dando vida a los personajes, a los decorados y al vestuario de un espectáculo grandioso, que reflejara la atmósfera embriagadora de una antigüedad resucitada. De la conjunción de infinidad de elementos y detalles nació un primer proyecto que se envió a Verdi el 14 mayo de 1870. El maestro, que ya había contestado negativamente en dos ocasiones anteriores, ahora se sintió entusiasmado por la sinopsis y las ideas del egiptólogo. Auguste Mariette había tenido éxito.

El libreto se centra en la figura de Aida, una princesa etíope prisionera en Egipto. Lo cierto es que a pesar de ser una trama inventada por un egiptólogo, no busca auténtica historicidad ni verosimilitud. La ópera no se centra realmente en un período concreto de la historia del antiguo Egipto, ni narra hechos verdaderamente documentados o acontecidos en la antigüedad. No obstante, la egiptología tradicionalmente ha vinculado el argumento de Aida con el reinado de Ramses III, faraón de la Dinastía XX que gobernó aproximadamente en torno a 1180 a. C.
En realidad, la vinculación de Aida con este faraón se debe fundamentalmente a unas declaraciones realizadas por Mariette tras la primera presentación de la ópera, en la que explicó que las pinturas del decorado se habían inspirado en la tumba de este monarca y que los colosos ornamentales imitaban los levantados en su templo en Madinet Habu. Sea como sea, lo cierto es que la figura de Ramses III ofrecía muchas posibilidades dramáticas. Este rey, que sufrió un complot en la corte, vivió una época de graves conflictos bélicos contra pueblos invasores y sufrió el cada vez más creciente poderío del sacerdocio. Es cierto que todas estas nociones se expresan en Aida, aunque sus personajes y las circunstancias de sus vidas no concuerden con nada conocido en el pasado egipcio.


Buscando referencias en la plástica occidental, Mariette creó una puesta en escena efectista y muy espectacular. Era como si por fin, por una extraña magia, la opera fuera a imprimir movimiento y voz a los cuadros de David Roberts, de Poynter y de Canabel. Así, Mariette creaba el camino de una estética que iba a marcar en profundidad a toda una nueva imaginería escénica de carácter egiptomaníaco, y que iba a encontrar su sublimación en el Séptimo Arte.

Auguste Mariette entregó su vida a la salvaguarda del patrimonio histórico de un país que le acogió y respetó. Sus esfuerzos le permitieron sentar las bases de la egiptología moderna y la creación de entidades que actualmente son rectoras del patrimonio arqueológico egipcio. Pero Mariette también pudo dejarse llevar por la imaginación y crear el Egipto de sus sueños. Sobre el escenario de la ópera de El Cario, Mariette presenció el renacimiento de un mundo perdido al que amaba profundamente. Pero, además, consiguió que eternamente, en cada nueva representación, se reviva un mundo que, una y otra vez, sigue cobrando forma, melodía y voz.


fuente: http://www.egiptologia.com/egiptomania/2301-aida-y-mariette-una-opera-egiptomaniaca.html

☼`·.,¸¸,.·´¯ ▲•Neith•▲ ¯`·.,¸¸,.·´•▲Tras las arenas del tiempo▲ ·.·´¯`·.·☼








No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada